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viernes, 6 de febrero de 2015

Beckett



"La única indagación fecunda es excavadora, inmersiva, una contracción del espíritu, un descenso. El artista es activo, pero de manera negativa, retrayéndose de la nulidad de los fenómenos más allá de la circunferencia, atraído por el centro del remolino."
Beckett
(Traducción de J. Mayhew)






miércoles, 5 de noviembre de 2014

Non serviam




¿Quién dijo esto por primera vez?
¿Y por qué?
Me gustaría pensar que, quien lo dijo, lo hizo porque quería rebelarse contra el poder impuesto, contra ciertas potestades ganadas no ya por los méritos o capacidades sino por delegación lejana y genealógica. El paraíso, entonces, dejó de ser paraíso. Y los dioses se hicieron necesarios. En realidad, aunque nos cuentan lo contrario, en el paraíso no había dioses porque nadie estaba por encima de nadie, ni tampoco por debajo. Es más, la misma idea de que un regente es algo superior es ridícula, un regente de esta realidad está compuesto por las mismas trazas que su súbdito. Sin embargo, les otorgamos, y se otorgan, poder en forma de títulos (reyes, presidentes, directores, etc.) o en forma material por disponer de dinero, el curioso papel con tinta que estratifica a las personas al detalle. Crear estratos en la base de la sociedad. En cualquier caso, el dinero llega hasta cierto lugar, luego hay cuestiones más sutiles relacionadas con la sangre y con la genealogía que no se pueden comprar. Al menos inmediatamente. En el paraíso todo esto no existía. No existían los clanes ni el dinero. Todo vino después de la expulsión..
El ser humano, al menos desde que nuestra estirpe fue expulsada del paraíso, comparte una similitud muy grande con el ángel caído. Este también fue expulsado, esta vez del cielo. Aunque cielo y paraíso son casi sinónimos en el sentido de lugares perfectos. Es decir, si fue el ángel caído quien dijo primero Non serviam, que está por ver, y esto le acarreó la expulsión, pues vemos claramente que a nosotros nos ocurrió algo parecido aunque de manera más inocente ya que desobedecimos picados por la curiosidad y no como un acto de afirmación. Además en el relato de nuestra expulsión aparece como principal protagonista la serpiente (símbolo, entre otros, del ángel caído) incitando a esa acción en contra de los mandatos de dios. Es obvia y patente la relación del ángel caído con el ser humano y la expulsión de cierto lugar idílico. Colegir que por tanto el ser humano es el ángel caído es quizás dar un paso muy grande, pero al menos podemos asegurar que algo muy parecido nos sucedió a los dos. Como consecuencia de ser expulsados, para nosotros (y para el ángel caído aún más), ya aparece el arriba y el abajo; es como si el paraíso constituyese una dimensión superior, más perfecta, y la tierra, con su realidad en tres dimensiones y sometida al tiempo, fuese algo inferior, con más sufrimiento.
Non serviam, debido a estas historias, es una expresión estigmatizada. Es su pronunciación y su ejecución la que acarrea la expulsión del paraíso. Por supuesto, está asociada a Lucifer, Mefistófeles o Lilith, o sea, asociada al mal, a la tentación, a la querencia de poder, etc., cuando en realidad tan sólo es una declaración de rechazo de la esclavitud. Por eso, en este tiempo de esclavitud encubierta en bellos ropajes de libertad y autoexpresión, me parece fundamental recuperar su significado literal, despojado de todo lo superfluo, esto es, no serviré, esto es, no quiero servir, esto es, no quiero ser esclavo. No ser esclavo no significa no aceptar el lugar que nos corresponde, el lugar que ahora mismo ocupamos. No debemos servir al universo, pero debemos respetarlo como el universo fuera nosotros mismos, como por otra parte en realidad es; no debemos servir a la naturaleza, pero debemos respetarla como si fuese nosotros mismos, como en realidad es; no serviremos al cielo, pero debemos respetarlo como si fuese nosotros mismos, cosa que realmente es. Y así con todo lo existente.
Estamos llegando al umbral en cada uno de los frentes abiertos, en cada una de las formas de búsqueda de respuestas que hemos ideado los humanos. El arte y la ciencia, como avanzadillas que son, lo llevan diciendo tiempo ya. Estamos en las fronteras del mundo. Pudiera ser que lo que nos expulsó del paraíso, sea lo que nos regrese a él.





martes, 13 de marzo de 2012

El estudio de Francis Bacon (Londres, 1978)



Se cuenta que, en una ocasión, su amigo Lucian Freud llevó una chica al estudio para que limpiase y ordenase aquel caos. La chica (habría que hacerle un monumento) consiguió lustrar aquella pocilga, dejando todo bien organizado. Se cuenta que, en consecuencia, Francis Bacon estuvo bloqueado durante días. Fue incapaz de pintar hasta que, poco a poco, el desorden de nuevo tomó el control.




miércoles, 28 de diciembre de 2011

La Adoración del Cordero Místico


El enorme retablo de la catedral de Gante conocido como el Políptico de La Adoración del Cordero Místico, terminado en 1432, consta de 12 paneles, de los cuales 8 están pintados por ambas caras posibilitando dos visiones de la obra:


con los postigos cerrados (3,75x2,6 metros)

 
con los postigos abiertos (3,75x5,2 metros)


El políptico de Gante fue comenzado por Hubert van Eyck y finalizado por su hermano Jan a petición de un influyente y rico matrimonio formado por Judocus Vijd y Elisabeth Borluut. Este conjunto de paneles pintados al óleo por los hermanos van Eyck está considerado como una de las obras maestras de la Edad Media y de la pintura flamenca. Incluso hay quien afirma que este retablo de 1432 es la última obra de la Edad Media y la primera pintura del Renacimiento. Una pieza excepcional, en cualquier caso, que ha sido muy codiciada a lo largo de los siglos y, por tanto, protegida por sus custodios. A pesar de ese celo, es la obra de arte más robada de la historia, implicada en 13 delitos: ha sido botín de guerra, falsificada, desmembrada, vendida ilegalmente y censurada por sus desnudos de Adán y Eva; ha escapado a bombas e iras religiosas. En 1566 fue troceada para evitar los ataques iconoclastas calvinistas. También ha sido copiada, como por ejemplo hicieron los pintores de Felipe II (hijo de Carlos V, quien nació en Gante, curiosamente) para que el monarca español pudiera llevarse una réplica exacta al Alcázar de Madrid. Pero sobre todo ha sido objetivo de los saqueadores y ladrones. Fundamentalmente esa obsesión por el retablo de Gante es causada por el panel central inferior, el de mayor importancia iconográfica, llamado La Adoración del Cordero Místico. Este panel representa el siguiente pasaje del Apocalipsis de San Juan (capítulo 7, versículos 9 y 10):


“Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestido con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.»”



El centro de la escena lo protagoniza el Cordero sobre un altar. Su sangre brota del pecho y llena el cáliz, simbolizando a Cristo y su sacrificio en la cruz. También nos recuerda la Eucaristía y se relaciona con el mito del Santo Grial. Además, sobre él, se encuentra la paloma del Espíritu Santo. Al Cordero le rodean varios ángeles, algunos con los instrumentos de la Pasión (la cruz, la corona de espinas, la lanza, la esponja, la columna, los clavos) mientras otros portan incensarios.

Este panel de 1,34x2,58 metros fue robado en 1794 por el ejército francés cumpliendo  órdenes del general Napoleón Bonaparte, siendo llevado posteriormente al Museo del Louvre. En 1815, vencido Napoleón en Waterloo, regresó a Gante gracias a Luis XVIII. También Hitler persiguió el retablo durante la II Guerra Mundial. El Führer creía que la obra de los hermanos van Eyck contenía un mapa en clave para dar con los Arma Christi, los instrumentos de la Pasión de Cristo, así como pistas para encontrar el Santo Grial y el Arca de la Alianza. Fascinado por el ocultismo, consideraba que estos objetos conferían poderes sobrenaturales. Sin embargo, Hitler no era el único miembro relevante del partido nazi que codiciaba La Adoración del Cordero Místico. De esta manera, uno de sus hombres de confianza, Joseph Goebbels, en 1940, acudió a Gante pero el políptico ya había salido en dirección a Francia. Allí lo buscó en los almacenes del Gobierno de Vichy llegando también tarde pues el general Göring se le había adelantado al encontrarlo en un castillo del sur de Francia y trasladarlo secretamente a París. En París se le perdió el rastro.

Con la caída de Berlín a manos de las tropas aliadas, en 1945, se inician los trabajos de búsqueda de los tesoros robados por los nazis durante la guerra. Hermann Bunjes, asesor de Alfred Rosenberg  (jefe de la ERR, brigada nazi encargada del saqueo de bibliotecas, archivos y obras de arte), fue quien reveló los lugares en donde se almacenaban las piezas robadas. El mayor alijo apareció en la mina de sal de Altaussee, emplazada en los Alpes austríacos: en total unas 12.000 obras de arte, algunas de autores tan importantes como Tiziano, Miguel Ángel, Rembrant, Vermeer, Rafael, Veronese o Jan van Eyck; y entre ellas apareció el retablo de La Adoración del Cordero Místico. Este tremendo patrimonio artístico corrió peligro de desaparecer pues August  Eigruber, encargado nazi del depósito de Altaussee, tenía órdenes de hacer volar por los aires todo el botín robado por el ejército alemán antes de que callera en manos aliadas. Se impidió gracias a  una exitosa operación en la que fueron determinantes los agentes dobles austríacos.


La vuelta a Bélgica del retablo no estuvo exenta de percances, principalmente una tormenta que provocó el aterrizaje de emergencia del avión que transportaba la obra maestra de los hermanos van Eyck. La operación de restitución fue dirigida por el general Eisenhower a quien los belgas recibieron como a un héroe nacional.


  

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Cuál es la finalidad del arte?



En primer lugar, antes de abordar el asunto de la finalidad del arte, creo imprescindible exponer primero qué es el arte. Por supuesto hay que aceptar la gran dificultad que entraña una definición a priori del arte. La ambición al proponer distintas explicaciones será la de provocar una reflexión que efectúe una especie de vaivén entre dos enfoques (el enfoque que tiene en cuenta el hacer, la factura, el objeto que se fabrica o construye, y el enfoque que apunta a la sensibilidad humana que aprecia ese resultado) además de indagar en esos aspectos que los diccionarios o manuales dejan inexplorados (en pos de buscar el mayor consenso posible). Por ejemplo, Joseph Joubert opinaba que “el arte consiste en esconder el arte”, es decir, que es esencial que en la obra terminada no aparezca nunca la dificultad, o en palabras de André Gide: “el arte supremo es el que no se deja reconocer de buenas a primeras”, cita que en principio podría llevarnos a pensar que contradice a la primera (y en cierta manera es cierto), pero que en realidad constituye un complemento, completando la significación de la sentencia de Joubert que, por otra parte, nos retrotrae al principio aristotélico: “La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia.”

Otra reflexión muy acertada, a mi entender, es la de Dino Formaggio, el filósofo italiano muerto en 2008, autor de obras como La muerte del arte y de la estética, que apuntó que “arte es todo aquello que los hombres llaman arte”; esto es, en la actualidad, despojándose de prejuicios y yendo al meollo de la cuestión, lo que convierte a algo en arte es que sea llamado arte. Tan simple como cierto. Esa función la ostentan hoy los grandes museos, por ejemplo, y para ello hay que proponer una argumentación que justifique su inserción en el ámbito/industria artístico/a,  y que sea aceptado por los críticos de arte y los mandamás de universidades, bibliotecas, galerías, o por la mayoría, así como los coleccionistas y demás especialistas. Por este motivo, a todos, a su heterogéneo conjunto, podríamos otorgar el título de Los Custodios del Canon. Si estos señores dicen que un urinario colocado al revés en el museo de New York es arte, un urinario colocado al revés es arte. Por supuesto, no siempre el Canon es el mismo, está en constante evolución. Con total seguridad se puede afirmar que La fuente de Duchamp no habría adquirido semejante estatus en la Ilustración, por citar un ejemplo. Quizás tampoco lo alcance en el futuro, pero, eso sí, ya se ha ganado un lugar destacado, y merecido, no crean lo contrario, en la Historia del Arte del siglo XX. Duchamp fue el primero en darse cuenta de este hecho, en 1917, y no se le puede restar mérito. Fue Jacques Vaché, amigo de André Breton, quien dijo: “El arte es una estupidez”, lástima que se suicidase poco después (1919), con tan solo veintitrés años.

Es decir, observamos que definir con claridad qué es el arte es una tarea prácticamente imposible, y la dimensión de un estudio en profundidad abarcaría, al menos, la extensión de una tesis, pero no por ello deja de ser importante haber tratado el concepto del arte como introducción para tener los mimbres para responder a la pregunta que propicia este brevísimo ensayo, volviendo de esta manera al punto de partida: ¿cuál es la finalidad del arte?

Propongo en primer lugar una reflexión de Susan Sontag: “La actitud realmente seria es aquella que interpreta el arte como un medio para lograr algo que quizás solo se puede alcanzar cuando se abandona el arte.” Susan Sontag propone el arte como medio para lograr algo, y no puede ser más cierto; eso sí, lo que cada cual quiera lograr y hasta dónde se está dispuesto a llegar para conseguirlo, es ya otro asunto. Pudiera ser que Vaché intuyese esta verdad demasiado pronto, es más, pudiera ser que se encuentre ahí el motivo de tanta muerte por propia mano entre los artistas.

Pero a qué nos referimos cuando hablamos de “finalidad”. Consultando el DRAE, se observa que “finalidad” significa “fin con que o por que se hace algo”, por lo que me permito transformar la cuestión inicial en cualquiera de estas dos: ¿cuál es el fin con el que se hace arte? o ¿cuál es el fin por el que se hace arte?
La pregunta, sea la primera o la segunda, parece menos envenenada ahora (recordemos que “fin” es sinónimo en este caso de “motivo u objeto”) y parece sugerir que sería conveniente dar voz a los artistas si se quiere disertar sobre las distintas posibilidades que surgen al querer desentrañar las múltiples respuestas. No en vano, los artistas son quienes buscan algo al realizar sus obras, o sea, una finalidad, pues siempre hay un objetivo incluso en los casos en los que se persigue negar esa finalidad (cosa poco común, por otra parte).

En general, podemos señalar que la finalidad del arte será expresar sentimientos, o propiciar la comunicación, o el hallazgo de una estética. También el deleite. O la transmutación de la realidad. En consecuencia, finalidades hay tantas como artistas. La alegría de Gauguin no es la alegría de Van Gogh, ni la tristeza de Lorca es la tristeza de Vallejo. Cada ser humano es un mundo en sí mismo.
Esta faceta humana del arte, vista con mayor amplitud, nos lleva a considerar como parte fundamental del hecho artístico al público. En otras palabras, cuando perseguimos concretar una respuesta coherente a ¿cuál es el fin por el que se hace arte?, no se puede soslayar la importancia de los ojos que admiran un cuadro, ni tampoco de los oídos que gozan de la música de una orquesta sinfónica, porque en estos individuos existe un bagaje intelectual, espiritual o simplemente social que sus sentidos estimulan al enfrentarse al arte.

En consecuencia, afirmamos que, además de todo lo expuesto anteriormente, hay tantas finalidades también como personas que contemplan (o contemplaron o contemplarán) la obra de arte, pues son estas quienes cierran el círculo, los destinatarios finales, abriendo un universo prácticamente infinito poblado por sus propias reacciones sentimentales e interpretaciones subjetivas.