Mostrando entradas con la etiqueta kafka. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta kafka. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de enero de 2015

Kafka



Kafka vivió siempre en tensión y fue esa tensión y su maravilloso talento para la narración lo que confirieron autenticidad a sus imágenes por muy inconcebibles que fuesen, hecho que salta a la luz cuando esas imágenes son analizadas tomando distancia. Cosa realmente difícil, por otra parte, puesto que Kafka no nos deja tomar distancia. Nos mantiene agarrados, a los lectores, en el pulso de su narración y, así, somos capaces de llegar por medio de sus frases a regiones pobladas de personajes estrafalarios, o a pueblos fantasmales, atrayentes cantinas, infectas dependencias, tribunales decadentes y oficinas delirantes, lugares ficticios todos ellos pero de una subyugante verosilitud construida a base de perseverancia, decepciones, dudas y sueños.
En sus libros, Kafka nos hace conocer aquello que le atosigaba, nos explica el porqué no conseguía alcanzar sus objetivos, cuáles eran las trabas con las que una y otra vez se topaba. Es decir, lo inexpugnable de las obligaciones en cuanto se las mira de frente. En sus obras, sentimos la presencia de un círculo vicioso, permanente frontera en la que giraban sus obsesiones. Y, sin embargo, ese círculo vicioso que podría ser fuente de repetición y hastío, lo transformó en un mundo en que las formas y los personajes, a pesar de estar definidos con gran precisión, muy visualmente, carecen de consistencia y, de esta forma, los cambios que acontecen en sus páginas son aceptados con naturalidad, como la única norma clara de un espacio y un tiempo sin normas claras, lleno de órdenes, y contraórdenes, y malentendidos. La vida es un juego extraño donde todos menos él parecen saberse las reglas, donde todos menos él parecen moverse con aplomo hacia algún lugar. Por supuesto, era consciente de que no existía tal lugar, que los demás se lo inventaban, y que se lo creían después. Y ese conocimiento provocaba que el escritor no se conformase con aquel juego, con la falacia que permitía a sus congéneres adquirir afán y ganas de prosperar.
Kafka buscaba algo mucho más firme, algo real. Kafka buscaba su propia imagen, para destruirla después. No le bastaba su reflejo. Se buscaba a sí mismo, en su interior, y en sus páginas nos hace partícipes de sus avances y de sus fracasos (generalmente mucho más abundantes) en este camino de autoconocimiento que chocaba una y otra vez con los muros de fortalezas demasiado protegidas.






viernes, 5 de julio de 2013

Kafka es literatura



Para acercarnos a la enorme figura literaria y humana deFranz Kafka (Praga, 3 de julio de 1883 — Kierling, 3 de junio de 1924) consideramos perentorio explicar primero que Kafka, durante toda su etapa adulta, libró una batalla interior entre la pulsión arrebatadora de la escritura y la obligación de pertenecer a la sociedad, a la vida. “No soy más que literatura”, llegó a confesarle a Felice Bauer, la mujer con quien estuvo dos veces prometido y con quien dos veces rompió ese compromiso de matrimonio, precisamente por aquella ligazón tan íntima con la literatura, incompatible para Kafka con cualquier otra pasión. La literatura le alejaba de la vida y la vida le alejaba de la literatura. 





Franz Kafka