Mostrando entradas con la etiqueta José Ángel Valente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Ángel Valente. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de julio de 2015

“He vivido esperando la revelación”, entrevista a Valente, La Vanguardia, 3 de mayo de 2000, por Ima Sanchís





Ima Sanchís: ¿Qué ha marcado su biografía?

José Ángel Valente: –Que los americanos lanzaran la bomba atómica y que los alemanes asesinaran judíos. ¿Sabe qué pienso?

IS: –¿Qué?

JAV:–Que todo el inmenso progreso tecnológico de Occidente no va ni de lejos acompañado por una moral intelectual equiparable.

IS: –Es usted radical.

JAV: –Me critican por ello, pero no puedo no ser radical en las cosas que me importan radicalmente.

IS:–¿Su primer sentimiento ideológico?

JAV: –Cuando tenía siete años, mi padre, que era de derechas, me llevó a un monasterio donde tenían encerrados a unos que llamaban “rojos”. Yo pensaba que me encontraría con unos señores de color rojo y me topé con gente desahuciada que me miró intensamente. Algo muy importante se intercambió en esas miradas: desde entonces yo soy rojo.

IS: –¿Y cómo le ha ido?

JAV: –No puedo quejarme. Durante muchos años he sido funcionario internacional, y eso me ha dado medios para vivir. Pero mi interioridad no estaba allí.

IS: –¿Dónde estaba?

JAV: –Yo he vivido retirado en mi desierto interior y eso me ha permitido escribir.

IS: –¿Y quién ha entrado ahí?

JAV: –Nadie, ni siquiera la palabra. Porque como dice Novalis no es escritor el que cree dominar el lenguaje, sino el que deja que el lenguaje hable en él.

IS: –Una experiencia espiritual.

JAV: –... Y tiene poco que ver con lo que llaman literatura. La política literaria, los premios, las academias, son un mundo secundario. Al poeta le define la experiencia espiritual.

IS: –¿Y ha sido hermosa o dolorosa?

JAV: –Me ha llevado a lugares insospechados. He vivido esperando que se descubra la revelación y la espera merece la pena.

IS: –Hábleme de esas revelaciones.

JAV: –La primera ocurrió con mi primer poema: “Cruzo un desierto y su secreta desolación”. Después escribí para entenderlo.

IS: –¿Y qué ha entendido?

JAV: –Que la poesía es la experiencia reconstruida por la memoria. La experiencia es importante, pero lo es más su reconstrucción.

IS: –Pues reconstrúyase, señor Valente.

JAV: –Yo me parezco a Aquiles.

IS: –¿?

JAV: –Aquiles se educó entre mujeres, y eso es muy importante. A mi madre la recuerdo siempre embarazada. Los hijos se los iba pasando a su hermana, mi tía Lucía Valente, para la que siempre he escrito poemas.

IS: –Entonces, fue importante en su vida.

JAV: –Mucho, porque en aquella época se educaba al niño sobre el principio de que debía ser distinto a la mujer, haciéndole perder los valores femeninos que me parecen esenciales. Yo dormí con mi tía hasta los 14 años. Pero hay una cosa más que me define.

IS: –Usted dirá.

JAV: –Hubo un sacerdote en Orense, don Basilio, que partió al exilio pero le pidió a mi padre que guardara su biblioteca: “La Regenta”, la Biblia y todos los novelistas eróticos de la época, que yo leía frenética y masturbatoriamente. Le debo mucho a ese veneno.

IS: –¿Y del amor qué ha aprendido?

JAV: –El primero me hizo sentir la gravitación del otro. Con el primer matrimonio cumplí mi función reproductora. Con el segundo establecí una relación amorosa profunda: hemos vivido y vivimos para el amor.

IS: –Todo un logro.

JAV: –Sí, en la relación amorosa esa elevación de la carne hacia el espíritu se cumple plenamente. La unión sexual te puede llevar a mundos desconocidos, como si flotaras sobre el universo. Sus efectos son más poderosos que la más potente de las drogas.

IS: –... Pero hemos dividido el sexo del amor.

JAV: –Radicalmente. La Iglesia siempre ha presentado lo carnal como pecado y es una gran mentira que nos empobrece.

IS: –¿Qué significó para usted la paternidad?

JAV: –Mucho. Yo fui educado de manera represiva y me pasé al otro lado. Quizá si hubiera sido más autoritario no habría ocurrido...

IS: –¿Qué ocurrió?

JAV: –Tuve un solo hijo varón, y este hijo mío empezó muy pronto con la droga, a los 16 años, y a los 33 murió. Me identifiqué mucho con él, éramos la misma persona.

IS: –Entonces, hubo comunicación...

JAV: –Profundísima. Yo traté de meterme en su medio y vi morir a adolescentes bellísimos. Luché a su lado todo lo que pude, pero se cansó de vivir.

IS: –¿Sobredosis?

JAV: –Sí. En esos momentos, ¿qué podemos ofrecerles a esos jóvenes? Los valores comunitarios habían sido rotos. Creo que es el gran fracaso de mi generación. No pudimos sostener nuestros ideales en nuestra propia vida ni en la vida de nuestros hijos.

IS: –¿Hay algo que no contenga poesía?

JAV: –Todo, también la poesía entra en el territorio de lo feo, del terror, del horror...

IS: –¿Algún pudor que no haya superado?

JAV: –No, porque sé que la poesía es una garantía de libertad. Cuánto más nos amenacen los mensajes prefabricados, las mentiras televisivas, mayor importancia va a tener la palabra poética. Tenemos que acostumbrarnos a oír el silencio. Hay que cruzar el desierto.

IS: –¿Y si allí nos espera la tristeza?

JAV: –Es necesaria, nos ayuda a reflexionar. La tristeza y la alegría son complementarias.

IS: –¿El poeta debe ser un camaleón?

JAV: –Sí. Como decía Keats, el poeta tiene que aniquilar su identidad para dejar que el universo pase a través de él. Yerra el poeta que habla de su experiencia personal. ¡Que se lo vaya a contar a su abuela!



(http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2000/05/03/pagina-100/34040459/pdf.html)



viernes, 6 de febrero de 2015

Valente



"La palabra poética cuando se manifiesta, cuando en verdad se manifiesta, y cuando en verdad la recibimos, nos invita a entrar en el territorio de la extrema interioridad."
Valente






miércoles, 12 de noviembre de 2014

Serán ceniza...



«Serán ceniza...»

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,

cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.


(José Ángel Valente, en "A modo de esperanza", 1954)


José Ángel Valente (Orense, 1929-Ginebra, 2000)



miércoles, 6 de agosto de 2014

Arte de la poesía



Arte de la poesía

Implacable desprecio por el arte
de la poesía como vómito inane
del imberbe del alma
que inflama su pasión desconsolada
de vecinal nodriza con eólicas voces.

Implacable desdén por el que llena
de rotundas palabras, congeladas y grasas,
el embudo vacío.

Por el meditador falaz de la nuez foradada,

por el que escribe ¡ay! y se pone peana,

por el decimonónico, el pajizo, el superfluo, el obvio,

por el que anda aún entre seres y nadas
flatulentos y obscenos,

por el tonto tenaz,

por el enano,

por el viejo poeta que no sabe
suicidarse a tiempo debajo de su mesa,

por el confesional,

por el patético,

por el llamado, en fin, al gran negocio,

y por el arte de la poesía ejercido a deshora
como una compraventa de ruidos usados.




José Ángel Valente,
poema extraído del libro El inocente, 1970;
se puede decir más alto pero no más claro:

"Implacable desprecio por el arte
de la poesía como vómito inane
del imberbe del alma"




lunes, 10 de febrero de 2014

Entrada al sentido, de José Ángel Valente



La soledad.
El miedo.
Hay un lugar
vacío, hay una estancia
que no tiene salida.
Hay una espera
ciega entre dos latidos,
entre dos oleadas
de vidas hay una espera
en que todos los puentes
pueden haber volado.
Entre el ojo y la forma
hay un abismo
en el que puede hundirse la mirada.
Entre la voluntad y el acto caben
océanos de sueño.
Entre mi ser y mi destino, un muro:
la imposibilidad feroz de lo posible.

Y en tanta soledad, un brazo armado
que amaga un golpe y no lo inflige nunca.
En un lugar, en una estancia - ¿dónde?,
¿sitiados por quién?

El alma pende de sí misma sólo,
del miedo, del peligro, del presagio.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Habla también tú, de Paul Celan




Habla también tú,
sé el último en hablar,
di tu decir.

Habla -
Pero no separes el No del Sí.
Y da a tu decir sentido:
dale sombra.

Dale sombra bastante,
dale tanta 
cuanta en torno a ti tú sabes extendida entre
medianoche y mediodía y medianoche.

Mira en torno:
ve como alrededor todo se hace viviente.
¡En la muerte! ¡Viviente!
Dice la verdad quien dice sombra.

Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:
¿Adónde ahora, despojado de sombra, adónde?
Asciende. Tanteante, asciende.
Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.

Más fino: un hilo
por el que quiere descender la estrella
para abajo nadar, al fondo,
donde se ve brillar: sobre móviles dunas
de palabras errantes.

Paul Celan (de "Von Schwelle zu Schwelle", 1955; versión de José Ángel Valente)