"Todas las demás cosas tienen una porción de todo, pero la Mente es infinita, autónoma y no está mezclada con ninguna, sino que ella sola es por sí misma. Pues si no fuera por sí misma, sino que, si estuviera mezclada con alguna cosa, participaría de todas las demás, pues en cada cosa hay una porción de todo, como antes dije; las cosas mezcladas con ella le impedirían que pudiera gobernar ninguna de ellas del modo que lo hace al ser ella sola por sí misma. Es, en efecto, la más sutil y la más pura de todas; tiene el conocimiento todo sobre cada cosa y el máximo poder. La Mente gobierna todas las cosas que tienen vida, tanto las más grandes como las más pequeñas. La Mente gobernó también toda la rotación, de tal manera que comenzó a girar en el comienzo. Empezó a girar primeramente a partir de un área pequeña, ahora gira sobre una mayor y girará sobre otra aún mayor. Conoce todas las cosas mezcladas, separadas y divididas. La Mente ordenó todas cuantas cosas iban a ser, todas cuantas fueron y ahora no son, todas cuantas ahora son y cuantas serán, incluso esta rotación en que ahora giran las estrellas, el sol y la luna, el aire y el éter que están siendo separados. Esta rotación los hizo separarse. Lo denso se separa de lo raro, lo cálido de lo frío, lo brillante de lo tenebroso y lo seco de lo húmedo. Hay muchas porciones de muchas cosas, pero ninguna está separada ni dividida completamente de la otra salvo la Mente. La Mente es toda semejante, tanto en sus partes más grandes como en las más pequeñas, mientras que ninguna otra cosa es semejante a ninguna otra, sino que cada cuerpo singular es y fue más manifiestamente aquello de lo que más contiene. (...) Y cuando la Mente inició el movimiento, estaba separada de todo lo que era movido y todo cuanto la Mente movió quedó separado; mientras las cosas se movían y eran divididas, la rotación aumentaba grandemente su proceso de división."
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viernes, 3 de enero de 2020
jueves, 30 de enero de 2014
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Suave es la noche (fragmento), de Francis Scott Fitzgerald
"El hotel y la brillante alfombra tostada que
era su playa formaban un todo. Al amanecer, la imagen lejana de Cannes, el rosa
y el crema de las viejas fortificaciones y los Alpes púrpuras lindantes con
Italia se reflejaban en el agua tremulosos entre los rizos y anillos que
enviaban hacia la superficie las plantas marinas en las zonas claras de poca
profundidad. Antes de las ocho bajó a la playa un hombre envuelto en un
albornoz azul y, tras largos preliminares dándose aplicaciones del agua helada
y emitiendo una serie de gruñidos y jadeos, avanzó torpemente en el mar durante
un minuto. Cuando se fue, la playa y la ensenada quedaron en calma por una
hora. Unos barcos mercantes se arrastraban por el horizonte con rumbo oeste, se
oía gritar a los ayudantes de camarero en el patio del hotel, y el rocío se
secaba en los pinos. Una hora más tarde, empezaron a sonar las bocinas de los
automóviles que bajaban por la tortuosa carretera que va a lo largo de la
cordillera inferior de los Maures, que separa el litoral de la auténtica
Francia provenzal.
A dos kilómetros del mar, en un punto en que los pinos dejan paso a los
álamos polvorientos, hay un apeadero de ferrocarril aislado desde el cual una
mañana de junio de 1925 una victoria condujo a una mujer y a su hija hasta el
hotel de Gausse. La madre tenía un rostro de lindas facciones, ya algo
marchito, que pronto iba a estar tocado de manchitas rosáceas; su expresión era
a la vez serena y despierta, de una manera que resultaba agradable. Sin
embargo, la mirada se desviaba rápidamente hacia la hija, que tenía algo mágico
en sus palmas rosadas y sus mejillas iluminadas por un tierno fulgor, tan
emocionante como el color sonrojado que toman los niños pequeños tras ser
bañados con agua fría al anochecer."
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| Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) |
lunes, 9 de diciembre de 2013
El mito de Sísifo (fragmento), de Albert Camus
"No hay más que un problema filosófico
verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de
que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las
demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce
categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que
responder. Y si es cierto, como quiere Nietzsche, que un filósofo, para ser
estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esta
respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias
perceptibles para el corazón, pero que deben profundizarse a fin de hacerlas
claras para el espíritu."
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| Albert Camus (1913-1960) |
sábado, 27 de octubre de 2012
Rafael Pérez Estrada
AVESTRUZ NEGRA
Más
que un ave es una pastosa y sucia pesadilla, porque el avestruz negra nunca ha
sido vista de día. Sin embargo, algunas mujeres, que han añadido a la
decoración de sus vestuarios plumas de avestruz, han sufrido la sensación en la
oscuridad estrecha de sus sueños de que un animal de plumaje de sombras
picoteaba sus entrañas, desposeyéndolas de la pasión de amar. Steven Merman,
conocedor de la fábula, le atribuye un significado parecido a la presencia del
toro en la noche de otras mujeres, haciendo la salvedad de que si aquí la
bestia tiene un alto sentido erótico, en aquellas es signo de una frigidez que
suple el delirio amatorio por la desmedida y, a veces cruel inclinación al lujo
y al derroche.
jueves, 25 de octubre de 2012
Fernando Pessoa
290.
Las frases que nunca escribiré, los paisajes que no podré nunca describir, con qué claridad los dicto a mi inercia y los describo en mi meditación cuando, recostado, no pertenezco sino de lejos a la vida. Esculpo frases enteras, perfectas palabra por palabra, tramas de dramas se me narran construidas en el espíritu, siendo el movimiento métrico y verbal de grandes poemas con todas sus palabras, y un gran entusiasmo, como un esclavo al que no veo, me sigue en la penumbra. Pero si diera un paso desde la silla donde sepulto estas sensaciones casi perfectas hasta la mesa donde me gustaría escribirlas, las palabras huyen, los dramas mueren, del nexo vital que unió el murmullo rítmico no queda más que una saudade lejana, unos restos de sol sobre montes remotos, un viento que levantan las hojas junto al umbral desierto, un parentesco nunca revelado, la orgía de los otros, la mujer que nuestra intención nos dice que miraría hacia atrás y que no llega a existir nunca.
Proyectos los he tenido todos. La Ilíada que compuse tuvo una lógica estructural, una concatenación orgánica de epodos que Homero no podía conseguir. La perfección estudiada en mis versos no consumados en palabras deja pobre la precisión de Virgilio y sin vigor la fuerza de Milton. Las sátiras alegóricas que hice excedieron todas ellas a Swift en la precisión simbólica de los particulares exactamente ligados. ¡Cuántos Verlaines fui!
Y siempre que me levanté de la silla donde, a decir verdad, estas cosas no fueron soñadas en absoluto, viví la doble tragedia de saberlas nulas y de saber que no todas fueron sueño, que algo quedó de ellas en el umbral abstracto de yo pensar y ellas ser.
Fui más genio en los sueños y menos en la vida. Mi tragedia es esta. Fui el corredor que cayó a un paso de la meta, tras haber ocupado la primera posición durante toda la carrera.
(Libro del desasosiego)
sábado, 2 de junio de 2012
Amapola, de Leopoldo María Panero
Oh, amapola que vuelas sobre la manada
Que incendias el rostro de la manada
Yo no me llamo Leopoldo
Y nadie corre más que yo
Dime amapola quién es
Ese nadie que corre más que yo
Oh, amapola cruel de la vida
Sueño de un moribundo a la orilla de la vida
La vida es una lágrima para flotar en la sombra
Un eterno retorno a la manada
Para que en mi puro brote al ala
Oh, amapola en silencio al pie de la mesnada.
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