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martes, 18 de diciembre de 2018

Dónde




La vertiginosidad de tus palabras
y la transparencia de tu aliento
envuelven el mundo con firmeza.

¿Dónde guardas el rostro?
¿Dónde exhala tu conciencia?
¿Entre la piedra y el agua?
¿Entre el ala y el vuelo?

No te lamentes,
cada latido es un remolino arrebatado,
cada invocación enardece el alma.

¿Cómo amalgamarse con el fulgor?
¿Cómo ausentarse de lo inanimado?
¿Con la memoria?
¿Con el desconcierto?

Tu lenguaje ancestral crepita
en el firmamento,
los astros reniegan de la muerte.


domingo, 24 de julio de 2016

Inigualable desgarro



Lamentas que el mar
posea fondo,
no existe corazón
que más profundo llegue.
¿De qué materia
está hecha la propia sombra?

El ejercicio de la lucidez
trae cadáveres necesarios,
hasta la orilla ruedan
para ser lavados:
   el mal queda afuera.

Las olas se comen
de la historia la podredumbre.
La restinga
y el aire comparten
en sus límites más extremos
el sol.




domingo, 19 de junio de 2016

Familia en euskera es Familia



En el fondo de la sangre
apareces,
memoria de la montaña,
memoria
de la nieve;
en el fondo de los huesos
vibras,
palabra y raíz
de mis antepasados.


(05/12/2014)

Hay una guerra en marcha



He cancelado todo aquello
que pudiera usar el enemigo.
Me niego a torcer el brazo,
a que reine la oscuridad.

¿Dónde yacen las caídas
que me separaron
de todo lo amado?

Las personas creen que el pasado
puede guiarles.

¿Dónde viven los poemas
que me acercaban
al odio más absurdo?

La verdad no es mala
en comparación
con el tiempo por vivir.

(16/09/2014)


sábado, 2 de noviembre de 2013

Mi primer recital en Granada


El pasado 25 de octubre leí mi plaquete "No hay reyes en el infierno" en Granada. Agradezco a todos los que acudisteis a la cita, me sentí muy arropado en mi debut granadino. Hubo momentos en que creí que estaría solo y al final casi no cabíamos en la sala de la Biblioteca de Andalucía.





miércoles, 14 de agosto de 2013

Palabras para el que sabe




En Naked lunch, William S. Burroughs (1914—1997) vomita el infierno que fue creando y vislumbrando en su interior durante los quince años en que el escritor estuvo enganchado a la droga. Droga es el término genérico que Burroughs utiliza para referirse al “opio y/o sus derivados, incluyendo los sintéticos, del demerol al palfium”. Es como si el resto de drogas no mereciesen el nombre de droga. Solo el opio, los opiáceos, es droga para Burroughs. De igual manera, denomina también con una palabra específica a su periodo de adicción a la droga: la Enfermedad. El escritor entró en contacto con la Enfermedad con treinta años y logró escapar de ella, tras incontables intentos fallidos, con cuarenta y cinco y en un aceptable estado de salud, considerando las circunstancias. Era 1959. Naked lunch se publicó ese mismo año reuniendo, ordenando y editando las notas que Burroughs fue escribiendo durante tan enorme –y abismal– período de tiempo. Debió de ser una tarea titánica, aglutinar esos quince años y crear algo totalmente nuevo con todo aquel incoherente material. Pero Burroughs es un especialista en salir airoso hasta de los peores envites que seamos capaces de imaginar.




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domingo, 4 de agosto de 2013

El ángel exterminador, de Luis Buñuel



En sus memorias, Luis Buñuel resumió la trama de su película El ángel exterminador con las siguientes palabras:
“(…) un grupo de personas que, una noche, al término de una función teatral, va a cenar a casa de una de ellas. Después de la cena, pasan al salón y, por una razón inexplicada, no pueden salir de él”.
Puede parecer un planteamiento simple, y lo es en realidad, pero solo a primera vista. Un grupo de personas encerradas, y, más aún, por algo que es inexplicable, provoca inmediatamente una serie de condicionantes de gran fuerza narrativa, pues enseguida aparecen en liza la carestía de recursos básicos para la vida, y con esta, la sed, el hambre, la falta de higiene, la competencia, la superstición, etc. El genial director aragonés maneja todos estos hilos con maestría posibilitando que el espectador se replantee conceptos como la condición humana y el valor de la sociedad. Los avances sociales que suponemos firmemente conquistados por la humanidad, que creemos ampliamente superados, son tan frágiles como la llama de una vela. Con un soplido bien dirigido basta para apagar su luz.
Fotograma de "El ángel exterminador"
Fotograma de “El ángel exterminador”
En otras palabras, El ángel exterminador hunde sus raíces en lo social, en la fragilidad de las convenciones sociales con las que nos hemos dotado en pos de la convivencia; un maremágnum, en definitiva, al que se le abren las costuras en cuanto es agitado un poco.



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domingo, 28 de julio de 2013

Diálogo treinta y uno


 

—A veces beber cerveza es una salida a un día horrible.
—Sin duda.
—Últimamente no aguanto los parques, ¿sabes?
—A mí me ocurre lo mismo, parece de broma toda esta alegría.
—¿Y las palomas?
—Las mataría a todas.
—Las parejas besándose...
—Al verlas me siento tan ruin, tan triste, tan solo...
—Tú lo has dicho.
—Oye, ¿por qué te dejó Raquel?
—Era guapísima, ¿eh...?
—Sin duda. Estaba como un tren... Pero, ¿por qué se fue, por qué te dejó Raquel? Nunca me lo has contado.
—Ni lo haré.
—¿Y se puede saber por qué?
—Porque no es asunto tuyo.
—Apostaría un huevo a que se buscó otro menda con más dinero.
—Perderías un huevo.
—Yo creo que no, era demasiado sofisticada para un tipo como tú.
—¿Sofisticada?
—Sí, se veía claramente que únicamente eras una parada en su camino hacia algo mejor.
—Estás un poco duro hoy, ¿no te parece? No sé si me está sentando bien tanta sinceridad de alguien al que consideraba mi amigo.
—Sí, puede ser, perdona, es la cerveza y este maldito parque. Y tanto sol.
—¿Te acuerdas de cuando te la presenté?
—Joder, claro; ella vestía esa faldita indecente y sus tacones más altos.
—¿Qué pensaste?
—Pensé matarte y largarme con ella.
—No te habría dejado.
—Sí, estaba demasiado buena para dejarme.
—Sabes, realmente nunca supe si me amaba o no.
—¿Nunca te dijo te quiero o algo así?
—Me lo decía cada mañana.
—¿Todas las mañanas?
—Todas... Menos la mañana en que se marchó.

 
 
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sábado, 27 de julio de 2013

Diálogo uno



Hace ya varios años, creo que fue en 2002 (o antes), me propuse escribir una serie de diálogos, pues me daba cuenta de que en mis relatos las partes en las que los personajes hablaban entre ello no estaban muy logradas. En otras palabras, comencé a ejercitar mi habilidad para crear conversaciones con palabras, por el simple afán de mejorar mi escritura. En fin que hace ya más de diez años me puse a ello con total libertad, escribiendo lo que se me ocurría, tratando de captar el ritmo, los trucos que usamos al hablar y que, a veces, son difíciles de reproducir en los libros. De esta manera, surgieron muchos diálogos, algunos bien estúpidos, otros mal escritos, otros inacabados..., pero también surgieron unos pocos donde había mucho de mí mismo, donde explicaba cierta visión del mundo, que contenían una particular filosofía, que, además, quedaba mucho mejor explicada por medio de los diálogos, pues se presentaban las ideas mediante ejemplos prácticos.
En pocos meses, conseguí unas cuantas docenas de este último tipo de diálogos y enseguida apareció un tomo que titulé "Diálogo Ciento Once" en el que se proponía un juego entre el lector y los diálogos, pues cada diálogo propiciaba un nuevo diálogo entre el libro y el lector.
En cualquier caso, no es algo que tenga grandes pretensiones, al contrario, los diálogos (y lo que provocan en quienes los escuchamos o los creamos) existen en cada esquina, se escriban o no. 
He aquí el primero de ellos:




DIÁLOGO UNO


—Hay días que no merecen ser vividos.
—No sé qué decirte... Es un tema complicado, Manu.
—De complicado nada; mira, un ejemplo: se muere tu madre...
—Joder, Manu, que la operan mañana de la vesícula.
—Es verdad, Rosa, perdona, lo olvidé por completo...
—Vale, venga, sigue... Prueba otra vez.
—Allá voy... Imagina que por un estúpido accidente doméstico, tu hijo, bebé aún, muere..., muere electrocutado, eso, electrocutado...
—¡Qué bestia eres! ¡Menos mal que no tengo hijos que si no…!
—No cambies de tema, listilla, y responde: ¿No sería mejor pasar ese día por alto?
—¿Y despertarme al sol siguiente sin hijo y sin saber por qué ya no existe?
—...





S
O
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lunes, 15 de julio de 2013

Colaboración en Revista Paradigma, de la Universidad de Málaga



Alguno de los nuevos poemas que estoy escribiendo han sido publicados en la revista Paradigma de la Universidad de Málaga. A partir de la página 55. Adjunto el enlace de la revista en pdf, para los intrépidos que quieran leer poesía, relatos, artículos, etc. en estos extraños días de verano en los que, fíjense bien, todo sigue igual. Menos mal que, hace tiempo, hicimos algo bien e inventamos la literatura.


Para descargar el pdf de la revista Paradigma, presionad aquí


viernes, 5 de julio de 2013

Kafka es literatura



Para acercarnos a la enorme figura literaria y humana deFranz Kafka (Praga, 3 de julio de 1883 — Kierling, 3 de junio de 1924) consideramos perentorio explicar primero que Kafka, durante toda su etapa adulta, libró una batalla interior entre la pulsión arrebatadora de la escritura y la obligación de pertenecer a la sociedad, a la vida. “No soy más que literatura”, llegó a confesarle a Felice Bauer, la mujer con quien estuvo dos veces prometido y con quien dos veces rompió ese compromiso de matrimonio, precisamente por aquella ligazón tan íntima con la literatura, incompatible para Kafka con cualquier otra pasión. La literatura le alejaba de la vida y la vida le alejaba de la literatura. 





Franz Kafka




domingo, 12 de mayo de 2013

¿Cómo destrozar las máscaras? o ¿por qué alimentar a los muertos?





¿Cómo destrozar las máscaras?
o
¿por qué alimentar a los muertos?







Las rosas son arrancadas de cuajo
por jardineros que desconocen su oficio,
que pululan en la creencia de que ellos
son las rosas del jardín.
Víctimas de la quietud doméstica,
sucios habitantes de lo intrascendente
dejad de lamer las manos de los popes,
la más mínima brisa os barrerá
zaquizamíes burocráticos,
la poesía es tenaz,
las habitaciones más secretas del palacio
no se dejan engatusar
por cuatro carantoñas,
sois cadáveres agradecidos
hipotecáis la pena,
transformáis vuestra inmensa tristeza de postín
en cuotas de funambulismo,
en parcelas de llanto
que no conlleva lágrimas
sino aburrimiento, el más hondo de los vicios
de quien miente,
de quien se miente.
No os enfrentáis a nadie
tan solo a vosotros mismos.
Yo alzo la voz
con la fragilidad de los peces
en su retorno al mar.
He arribado hasta este preciso instante
para que escuchéis
la palabra desnuda:
Decapitación.



viernes, 26 de abril de 2013

Esta condena





Esta condena

«Nadie ignora que la literatura comienza por la poesía»
Jorge Luis Borges




No poder elegir lo conveniente,
quedar anclado en la niebla de las páginas
rodeado de hombres y mujeres
muertos
que generalmente caminaron
a tropezones por las autopistas de la vida.

No poder delimitar los contornos,
superponer ensueños con las palabras,
y atacarlas,
agarrarlas desprevenidas,
y cortarles la salida
y ahogar su retaguardia
para que den de sí,
las palabras,
para que sufran,
pues saben cómo se ganan las batallas.
Hay que poner el lenguaje a sudar
y cumplir la venganza seca
en los libros,
estandartes vivos de los insignes cadáveres.

Nada restará de la poesía cuando muera el último hombre,
cuando desaparezca la última mujer,
o, quizás, regrese toda la poesía,
pero toda
la poesía,
como al principio de los tiempos
(cuando solo era,
y estaba,
el Verbo).
La poesía descubierta de nuevo,
como una angina de pecho
que viajaba oculta en las mutaciones genéticas
de las razas venideras de poetas.

La poesía sustenta lo que nos hace humanos,
mantiene la esencia
viva, la realidad;
como Atlas,
el joven titán condenado por Zeus a sostener la Tierra;
los poetas debemos cargar con la responsabilidad
de crear el mundo
y de mantenerlo sobre nuestros hombros.
El poeta es como Atlas,
mas también es un ser humano
y en ocasiones, tristes siempre,
no consigue cumplir su tarea
y es vencido por el peso de sus creaciones.

Escribir es también, por tanto, crear a ese joven titán
que sostendrá al poema,
y llenarlo de aliento,
dotarlo de tamaña fuerza
que mantenga en vuelo
suficientes mundos de palabras.
Los poetas debemos aplacar la tiranía de los dioses
y evitar el arrepentimiento
como lo evitan las estrellas.