jueves, 12 de diciembre de 2013

La herida, a Alejandra Pizarnik

La herida
A Alejandra Pizarnik

La grieta del mundo se hizo profunda,
la tierra dejó de ser tierra
para ser grieta, solamente grieta,
solamente herida
donde adentrarse
y ver el mundo vacío
por dentro,
el encierro interno
del espacio y de las palabras
barreras del lenguaje
límite de todo.

Alejandra,
te sueño en tu ansiado jardín,
por fin contigo misma,
por fin en silencio,
los huesos no te duelen
y respiras el aire que tus pulmones anhelaban.
Encontraste la piedra más oscura,
perseguiste la sombra más negra
con el denuedo de la mujer loba
que, sin duda, es siempre la niña
de ojos cenicientos que soñaba.


Alejandra Pizarnik (1936-1972)




miércoles, 11 de diciembre de 2013

Suave es la noche (fragmento), de Francis Scott Fitzgerald



"El hotel y la brillante alfombra tostada que era su playa formaban un todo. Al amanecer, la imagen lejana de Cannes, el rosa y el crema de las viejas fortificaciones y los Alpes púrpuras lindantes con Italia se reflejaban en el agua tremulosos entre los rizos y anillos que enviaban hacia la superficie las plantas marinas en las zonas claras de poca profundidad. Antes de las ocho bajó a la playa un hombre envuelto en un albornoz azul y, tras largos preliminares dándose aplicaciones del agua helada y emitiendo una serie de gruñidos y jadeos, avanzó torpemente en el mar durante un minuto. Cuando se fue, la playa y la ensenada quedaron en calma por una hora. Unos barcos mercantes se arrastraban por el horizonte con rumbo oeste, se oía gritar a los ayudantes de camarero en el patio del hotel, y el rocío se secaba en los pinos. Una hora más tarde, empezaron a sonar las bocinas de los automóviles que bajaban por la tortuosa carretera que va a lo largo de la cordillera inferior de los Maures, que separa el litoral de la auténtica Francia provenzal.

A dos kilómetros del mar, en un punto en que los pinos dejan paso a los álamos polvorientos, hay un apeadero de ferrocarril aislado desde el cual una mañana de junio de 1925 una victoria condujo a una mujer y a su hija hasta el hotel de Gausse. La madre tenía un rostro de lindas facciones, ya algo marchito, que pronto iba a estar tocado de manchitas rosáceas; su expresión era a la vez serena y despierta, de una manera que resultaba agradable. Sin embargo, la mirada se desviaba rápidamente hacia la hija, que tenía algo mágico en sus palmas rosadas y sus mejillas iluminadas por un tierno fulgor, tan emocionante como el color sonrojado que toman los niños pequeños tras ser bañados con agua fría al anochecer."

Francis Scott Fitzgerald (1896-1940)



lunes, 9 de diciembre de 2013

El mito de Sísifo (fragmento), de Albert Camus




"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder. Y si es cierto, como quiere Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esta respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que deben profundizarse a fin de hacerlas claras para el espíritu."



Albert Camus (1913-1960)



lunes, 2 de diciembre de 2013

Amor constante más allá de la muerte..., de Quevedo



Amor constante más allá de la muerte...

Cerrar podrá mis ojos la postrera 
sombra que me llevare el blanco día, 
y podrá desatar esta alma mía 
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera 
dejará la memoria en donde ardía: 
nadar sabe mi llama la agua fría, 
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido, 
venas que humor a tanto fuego han dado, 
médulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado; 
serán cenizas, mas tendrán sentido; 
polvo serán, mas polvo enamorado.



Francisco de Quevedo (1580-1645)



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Habla también tú, de Paul Celan




Habla también tú,
sé el último en hablar,
di tu decir.

Habla -
Pero no separes el No del Sí.
Y da a tu decir sentido:
dale sombra.

Dale sombra bastante,
dale tanta 
cuanta en torno a ti tú sabes extendida entre
medianoche y mediodía y medianoche.

Mira en torno:
ve como alrededor todo se hace viviente.
¡En la muerte! ¡Viviente!
Dice la verdad quien dice sombra.

Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:
¿Adónde ahora, despojado de sombra, adónde?
Asciende. Tanteante, asciende.
Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.

Más fino: un hilo
por el que quiere descender la estrella
para abajo nadar, al fondo,
donde se ve brillar: sobre móviles dunas
de palabras errantes.

Paul Celan (de "Von Schwelle zu Schwelle", 1955; versión de José Ángel Valente)




sábado, 2 de noviembre de 2013

Mi primer recital en Granada


El pasado 25 de octubre leí mi plaquete "No hay reyes en el infierno" en Granada. Agradezco a todos los que acudisteis a la cita, me sentí muy arropado en mi debut granadino. Hubo momentos en que creí que estaría solo y al final casi no cabíamos en la sala de la Biblioteca de Andalucía.





lunes, 7 de octubre de 2013

Confesiones de un fumador de opio (fragmento)



<Aislado en 1803 e introducido su uso general en los albores de 1820, la morfina era desde un principio más una herramienta de uso médico que destinada al pueblo que de carácter popular o familiar, menos disponible fácilmente y más cara que el opio sin refinar y aunque presentaba la ventaja de una fuerza predecible -el alcaloide aislado era de una concentración consistente mientras que los diferentes lotes de opio en bruto podían variar radicalmente en cuanto a la proporción de sus elementos constituyentes- nadie estaba seguro de cuál era la forma más adecuada de usarlo, pero con la introducción a mediados de 1850 de un dispositivo más exclusivo, la jeringa hipodérmica, la morfina llegó a ser más efectiva y más restringida a la práctica de la profesión médica. Una inyección de solución de morfina rápidamente llegó a formar parte del inventariado médico y la ineficacia del tratamiento precedente en todos los casos de dolor severo llegó a ser incluso más evidente cuando la nueva tecnología se propagó por todos los escenarios bélicos de Europa y los Estados Unidos durante 1860. En torno a 1880, la terapia era tan habitual en la práctica diaria médica que el autor de una enciclopédica británica proclamó: "La jeringa hipodérmica y la solución de morfina son ahora los elementos casi tan imprescindibles para un médico como el estetoscopio o el termómetro." De hecho, se extendió la imagen del médico como el hierofante del arcano de las misteriosas tecnologías curativas del último tercio del siglo-causa en parte responsable del constante estado de incremento de la profesión médica -hecho inextricablemente ligado a la administración de inyecciones de morfina. Un practicante americano de esta nueva terapia aseveró: "El paciente concede crédito al milagro". >