sábado, 5 de enero de 2013

Veinte años sin Juan Benet




“Escribo, en definitiva, porque me distrae, me entretiene, y es una de esas cosas de las que no me harto nunca: cuesta mucho, pero no decepciona”, esto afirmaba Juan Benet, singular y atrayente escritor que murió un 5 de enero de 1993, hace hoy, por tanto, veinte años.

Valgan estas palabras como homenaje.

 Juan Benet, en la construcción de sus novelas, desplazaba su visión desde la realidad histórica hacia la realidad fingida, creada a base de palabras primorosamente escogidas. Comprendiendo este punto, es más sencillo imaginar por qué Benet inventó un espacio para desarrollar su obra narrativa, Región, es decir, un territorio de ficción donde disfrutar de la libertad de quien no quería pagar el tributo que siempre se cobraba la realidad tan condicionada por la dictadura franquista. Un lugar mítico que, a pesar de estar muy bien descrito en sus libros, con precisión científica, se podía resumir así: “Una sierra al fondo, una carretera tortuosa y un monte bajo en primer plano.”

Es Gonzalo Sobejano quien menciona las conexiones de Región con los espacios de las obras de Faulkner y García Márquez. Sin embargo, el lector español es capaz de reconocerse en la experiencia de los personajes y de reconocer esa geografía. En otras palabras, la ficción como método de representación más fidedigna de la realidad: una de las paradojas literarias que Benet supo ver en una España dominada por el estrecho y unidimensional espejo del denominado ‘realismo social’.

Juan Benet siempre consideró a William Faulkner como a uno de sus maestros, y su primera gran influencia. Según contó en varias ocasiones, con ligeras variaciones, su encuentro con la literatura de Faulkner ocurrió en una librería de la calle San Bernardo de Madrid: mientras buscaba en los anaqueles obras de Kafka (ya que la “Metamorfosis” le había deslumbrado) un libro cayó al suelo, era “Mientras agonizo”, y se abrió por una página casi en blanco donde Benet leyó que Vardaman decía “Mi madre es un pez”. Quedó atraído y se llevó ese volumen a su casa. Poco tiempo después cayó en sus manos “Santuario”, que había publicado Espasa-Calpe a siete pesetas, y su admiración creció. Contaba Benet que llegó a comprar unos cien ejemplares de esa novela puesto que se la regalaba a todos sus amigos por el afán de compartir semejante descubrimiento.

También reconoce deudas literarias con Melville, Conrad, Proust y Euclides da Cunha (la lectura de “Los páramos” ejerció una notable influencia en su prosa). Y con la bebida. Con el whisky, en realidad. Pero no para obtener una inspiración artificiosa a fuerza de alcohol sino porque era uno de los elementos imprescindibles, junto al humo de los cigarrillos o los paseos por la habitación, para poner en funcionamiento la mecánica que requería para escribir sus textos.

Juan Benet, además, era ingeniero de caminos y dirigió la construcción de numerosas obras civiles, principalmente presas, canales y túneles. En un equilibro digno de mención, compatibilizó esa exigente profesión técnica con la también absorbente escritura.

De sus obras literarias, destacamos, por supuesto, “Volverás a Región” (1967), su primera novela, ya que con este libro, Benet abrió una puerta que proponía caminos literarios alejados del ‘realismo social’ imperante, llamando la atención de jóvenes escritores como Félix de Azúa, Vicente Molina Foix y Javier Marías. También sugerimos “Una meditación” (1970), novela concebida como un discurso ininterrumpido, sin puntos y aparte; para escribirla, inventó un exclusivo sistema de rodillo donde podía colocar un rollo de papel continuo. Y no nos podemos olvidar de su novela más ambiciosa, “Saúl ante Samuel” (1980), fruto de siete años de trabajo, ni de la que sería su última novela “En la penumbra” (1989). Asimismo, escribió relatos como los aparecidos en “5 narraciones y 2 fábulas” (1972)  y “Sub rosa” (1973). Y  brillantes ensayos, como se demuestra, por ejemplo, en “La invención y el estilo” (1966) y, rayando con las memorias, en “Otoño en Madrid hacia 1950” (1987).

Para terminar de trazar estos breves apuntes sobre el escritor madrileño, sería provechoso transcribir lo que en su opinión debía decir la Constitución; no hay duda de que Juan Benet sintetizó la Carta Magna al máximo, subrayando uno de los temas fundamentales en su literatura:

“Artículo único: el Estado español garantiza al español el derecho al fracaso.”

Ya lo decía la canción, “veinte años no es nada”.






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